Un informe reciente del Centro Cohen de Estudios Judíos Modernos de la Universidad Brandeis pinta un panorama preocupante del panorama universitario estadounidense actual. Los hallazgos sugieren que el prejuicio no está aislado de un solo grupo demográfico, sino que funciona como un problema generalizado que afecta a múltiples grupos minoritarios en todos los campus.
Un clima de hostilidad
El estudio, que encuestó a casi 4.000 estudiantes universitarios de más de 300 instituciones, destaca una importante sensación de alienación entre las poblaciones minoritarias. Los hallazgos clave incluyen:
- Estudiantes judíos: el 47% informó haber experimentado antisemitismo en el campus durante el último año académico, y el 37% describió el ambiente del campus como “francamente hostil”.
- Estudiantes musulmanes: el 47 % informó sentir que el ambiente del campus era hostil hacia los musulmanes.
- Estudiantes negros: El 34% expresó que su campus se sentía hostil hacia las personas de color.
Fundamentalmente, los datos indican una desconexión en la percepción: los estudiantes que no pertenecen a estos grupos minoritarios informaron opiniones significativamente diferentes sobre el nivel de prejuicio presente en el campus.
La complejidad del sentimiento universitario
El informe revela que la hostilidad no es unidimensional. Si bien el antisemitismo es una preocupación principal, los datos muestran un amplio espectro de opiniones perjudiciales sostenidas por una minoría sustancial del alumnado:
– 17% de los estudiantes probablemente tengan opiniones que expresen un sentimiento anti-negro.
– 15% tiene opiniones sobre Israel que muchos estudiantes judíos caracterizan como antisemitas.
– 9% tiene opiniones explícitamente hostiles hacia los judíos.
– 4% tiene opiniones hostiles hacia múltiples grupos minoritarios religiosos y raciales.
Estos datos sugieren que la tensión en el campus es a menudo un tema multifacético en el que diferentes formas de prejuicios (racismo, islamofobia y antisemitismo) coexisten, a veces incluso superponiéndose o compitiendo por la atención.
Métricas divergentes de éxito
Si bien el informe Brandeis se centra en las experiencias vividas por los estudiantes, otras métricas brindan una perspectiva diferente sobre el desempeño institucional. La Liga Antidifamación (ADL) publicó recientemente su Boletín de calificaciones de antisemitismo universitario, que evaluó 150 escuelas.
Curiosamente, el informe de la ADL muestra signos de mejora institucional. La mayoría de las escuelas (58% ) recibieron las mejores calificaciones, e instituciones como La Universidad de Nueva York, Vanderbilt y la Universidad Estatal de Arizona obtuvieron calificaciones “A”. Sin embargo, Shira Goodman, vicepresidenta de defensa de la ADL, advirtió que estas calificaciones administrativas pueden no reflejar plenamente las realidades cotidianas de los propios estudiantes.
Avanzando hacia la empatía y la comprensión compartida
Los investigadores de Brandeis sostienen que abordar los prejuicios universitarios requiere alejarse de un enfoque de “suma cero”, donde se considera que luchar por los derechos de un grupo socava los de otro. En cambio, proponen dos estrategias principales:
- Crear empatía entre grupos: En lugar de abrir brechas entre diferentes grupos de identidad, el informe sugiere resaltar los puntos en común. Tanto los estudiantes judíos como los negros y musulmanes afirman sentirse excluidos, acosados o incomprendidos por la comunidad universitaria en general.
- Investigación integrada: El informe exige estudios más sofisticados que examinen cómo las diferentes formas de odio (como la islamofobia y el racismo) interactúan con el antisemitismo, en lugar de estudiarlas de forma aislada.
“Los esfuerzos por abrir brechas entre grupos de identidad probablemente exacerben tales experiencias, incluso si se hacen con la intención de luchar contra una forma específica de prejuicio”, concluyeron los investigadores.
Conclusión
Los datos sugieren que la hostilidad en los campus es un problema sistémico que afecta a varios grupos minoritarios, más que un fenómeno localizado. Abordar estas tensiones probablemente requerirá un cambio del conflicto basado en la identidad hacia el fomento de una empatía más amplia y un discurso cívico en todo el alumnado.
