Un estudio reciente de casi 26.000 personas ha descubierto un vínculo sorprendente entre el lugar donde el cuerpo almacena grasa y la salud cerebral a largo plazo. Los investigadores encontraron que aquellos con mayores concentraciones de grasa alrededor del páncreas, o aquellos clasificados como “grasa flaca” (peso normal pero alto porcentaje de grasa corporal), enfrentan un riesgo elevado de envejecimiento cerebral acelerado, deterioro cognitivo y enfermedades neurológicas.
El problema de la grasa “oculta”
El estudio, publicado en Radiology, utilizó resonancias magnéticas para analizar la distribución de la grasa junto con datos de salud detallados del Biobanco del Reino Unido. Los resultados sugieren que no toda la grasa es igual. La grasa almacenada en lo profundo del cuerpo, particularmente alrededor del páncreas, es metabólicamente activa y puede provocar inflamación, resistencia a la insulina y tensión en los vasos sanguíneos. Estos procesos, con el tiempo, contribuyen a un envejecimiento cerebral más rápido y a problemas de memoria.
El término “grasa flaca” se refiere a personas con un IMC aparentemente normal pero un alto porcentaje poco saludable de grasa corporal y baja masa muscular. Este tipo de composición corporal también mostró una correlación significativa con el deterioro cognitivo en el estudio, lo que indica que el peso por sí solo no es un indicador confiable de salud.
¿Por qué es importante la distribución de grasas?
Los mecanismos exactos aún se están investigando, pero los expertos sugieren que la grasa visceral (la grasa almacenada profundamente alrededor de los órganos) desencadena una inflamación crónica. Esta inflamación puede dañar los vasos sanguíneos y alterar la función cerebral, lo que provoca deterioro cognitivo y un mayor riesgo de enfermedades neurológicas.
“Durante muchos años, esos mismos procesos pueden afectar silenciosamente al cerebro, contribuyendo a un envejecimiento cerebral más rápido, cambios en la memoria y un mayor riesgo de enfermedades neurológicas”, explica Davide Cappon, PhD, director de Neuropsicología del Tufts Medical Center.
Cómo evaluar su riesgo
Si bien las resonancias magnéticas no son necesarias para la evaluación de rutina, los médicos suelen evaluar la salud metabólica utilizando varios indicadores clave. Estos incluyen:
- Tamaño de la cintura: Una cintura en crecimiento, incluso sin un aumento de peso general, puede indicar un aumento de grasa visceral.
- Presión arterial: La presión arterial alta es un signo de estrés metabólico.
- Azúcar en sangre: Los niveles elevados sugieren resistencia a la insulina.
- Calidad del sueño: La falta de sueño o la apnea del sueño están relacionadas con la inflamación y la disfunción metabólica.
- Fuerza muscular: La disminución de la masa muscular es otra señal de alerta.
Más allá del peso: un enfoque holístico
El estudio enfatiza que la salud del cerebro está profundamente interconectada con la salud metabólica general. Mejorar la dieta, aumentar la actividad física, priorizar el sueño y controlar el estrés son pasos cruciales hacia el bienestar cognitivo a largo plazo.
Esta investigación refuerza el hecho de que nunca se trata sólo de peso; se trata de salud metabólica, inflamación y la compleja interacción entre el cuerpo y el cerebro.
Los cambios pequeños y constantes en el estilo de vida pueden tener un impacto significativo en la salud del cerebro, independientemente de lo que diga la escala.





























