Madre e hijo competirán juntos en los Juegos Olímpicos de Invierno por primera vez en la historia

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Los Juegos Olímpicos de Invierno de este año en Italia verán un hito único: Sarah Schleper y su hijo, Lasse Gaxiola, se convertirán en la primera madre y su hijo en competir en los mismos Juegos. La participación de la pareja es una historia notable de perseverancia atlética y legado familiar.

Un momento de círculo completo

Schleper, de 46 años, participará en sus séptimo Juegos Olímpicos de Invierno, en particular los terceros representando a México después de adquirir la ciudadanía a través de su esposo. Gaxiola, de 18 años, hará su debut olímpico. Su viaje es particularmente conmovedor porque refleja un momento conmovedor del pasado de Schleper: hace casi 15 años, llevó a su hijo, que entonces era pequeño, por una pista de slalom en su última aparición en la Copa del Mundo antes de retirarse del equipo de esquí de EE. UU., una imagen que se ha vuelto icónica.

Pasión compartida, eventos separados

Si bien ambos esquiadores competirán en eventos de slalom gigante, sus horarios los mantendrán en lugares diferentes, al menos inicialmente. Schleper correrá en Cortina, mientras que Gaxiola competirá en Bormeo. Sin embargo, tiene la intención de viajar para apoyarlo, con la esperanza de asistir a su carrera junto a su esposo, quien también es entrenador de su hijo.

Un legado de influencia

Gaxiola reconoce la importante influencia de su madre en su estilo de esquí. “Ella es mucho más paciente que yo”, compartió, y agregó que si bien su enfoque difiere, ella “definitivamente me moldeó” y proporcionó el impacto fundamental en su carrera. El joven atleta apenas recuerda haber sido llevado por la pista cuando era niño, pero ahora siente un abrumador sentimiento de orgullo familiar al competir junto a su madre.

“Es sólo una historia de fantasía”, dijo Schleper a Associated Press, subrayando lo improbable que parece este momento.

La presencia simultánea de la pareja en los Juegos Olímpicos no es simplemente una historia conmovedora, sino una rara hazaña en la historia de los Juegos, confirmada por el historiador olímpico Bill Mallon. Es un recordatorio de cómo los deportes pueden unir generaciones y cómo los lazos familiares pueden trascender incluso los niveles más altos de competición.

Esta participación histórica sin duda inspirará a futuras generaciones de atletas, demostrando que con dedicación y apoyo todo es posible.