Las tasas de diabetes tipo 2 y presión arterial alta (condiciones que alguna vez se asociaron principalmente con los adultos) están aumentando rápidamente entre niños y adolescentes en los EE. UU. y en todo el mundo. Estudios recientes confirman esta tendencia y plantean serias preocupaciones sobre la salud a largo plazo de las generaciones más jóvenes. El aumento no es sólo una anomalía estadística; refleja cambios más amplios en el estilo de vida, la dieta y el acceso a la atención médica.
Los números hablan por sí solos
Un metaanálisis reciente publicado en The Lancet Child & Adolescent Health revela que las tasas de hipertensión casi se han duplicado a nivel mundial en las últimas dos décadas. Mientras tanto, los casos de diabetes y prediabetes en menores de 20 años aumentaron un 95 % entre 2001 y 2017. Hoy en día, casi uno de cada tres adolescentes estadounidenses (de 10 a 19 años) presenta prediabetes o diabetes tipo 2, un aumento significativo con respecto al 18 % observado en un estudio de 2019. Los niños y los adolescentes blancos no hispanos muestran tasas de prevalencia particularmente altas.
Estas cifras son importantes porque la hipertensión infantil no tratada puede dañar los riñones, el corazón, los ojos y el cerebro. La prediabetes, si no se trata, a menudo progresa a diabetes tipo 2, lo que conlleva el riesgo de complicaciones a largo plazo.
¿Por qué ahora? Las causas fundamentales
El aumento de estas condiciones no es aleatorio. Los expertos lo atribuyen a una confluencia de factores:
- Tasas de obesidad en aumento : Los CDC informaron que la obesidad infantil alcanzó un máximo histórico del 21,1 % entre 2021 y 2021, frente al 19,3 % en 2017-2018. Este es el impulsor más directo.
- Cambios en la dieta : Los niños consumen más alimentos ultraprocesados con alto contenido de azúcar, sal y grasas no saludables. Estos alimentos contribuyen al exceso de peso y a la resistencia a la insulina.
- Disminución de la actividad física : El tiempo frente a la pantalla domina la vida de muchos niños, lo que deja poco espacio para los 60 minutos de actividad física diaria recomendados por las pautas de salud.
- Aumento de las pruebas de detección : si bien el estilo de vida es la causa principal, las pruebas más frecuentes también influyen. Una mayor conciencia entre los médicos significa que se están identificando más casos.
Hipertensión: sal, estrés y desigualdad
La hipertensión infantil se debe a factores similares. El consumo elevado de sal (principalmente de alimentos procesados) es un factor importante: nueve de cada diez niños superan los límites diarios recomendados. Otros riesgos incluyen la inactividad, la obesidad y problemas de salud subyacentes.
El acceso a la atención también es fundamental. Las comunidades desatendidas a menudo carecen de atención primaria constante, lo que dificulta la detección e intervención tempranas. El estrés, el tabaquismo y la contaminación del aire también pueden influir.
Qué pueden hacer los padres: revertir la tendencia
La buena noticia es que la prediabetes y la hipertensión suelen ser reversibles con cambios en el estilo de vida. Los expertos recomiendan:
- Elimine las bebidas azucaradas : Este es el primer paso más sencillo. Elimine por completo los refrescos, los jugos y las bebidas azucaradas.
- Reduzca el consumo de sal : lea atentamente las etiquetas nutricionales, elija agua en lugar de bebidas azucaradas y limite los alimentos procesados. La Asociación Estadounidense del Corazón recomienda no más de 2300 mg de sal por día para los adolescentes mayores e incluso menos para los niños más pequeños.
- Priorizar los alimentos de origen vegetal : aumentar el consumo de frutas y verduras. Las opciones congeladas o enlatadas están bien si no hay productos frescos disponibles.
- Fomente la actividad física : intente realizar al menos 60 minutos de movimiento al día. Los deportes, las caminatas, los paseos en bicicleta y las clases de baile pueden ayudar.
Estos cambios no se refieren sólo a prevenir enfermedades; mejoran el bienestar general, reducen la ansiedad y apoyan el desarrollo saludable.
La conclusión: La diabetes y la hipertensión infantiles son crisis cada vez mayores impulsadas por los estilos de vida modernos. Abordar estas tendencias requiere un esfuerzo colectivo de los padres, las escuelas y los sistemas de salud para priorizar los hábitos saludables y garantizar un acceso equitativo a la atención.
